Historia De Coamo
Los artículos aquí publicados son extraídos de la REVISTA ILLESCANA y ésta a su vez los extrae de los libros sobre la historia de Coamo escritos por Don Ramón Rivera Bermúdez quien nos dio la autorización para así hacerlo, por tanto queda estrictamente prohibida la reproducción total o parcial de ésta información aquí publicada para fines comerciales sin la previa autorización por escrito de la REVISTA ILLESCANA. Las Escuelas, Iglesias y entidades sin fines de lucro están autorizadas.
La Iglesia Católica (Primera Parte)
A fines del siglo 17 ya la iglesia de Coamo estaba operando como parroquia. Con fecha de septiembre de 1692, mediante una Cédula Real el cura de Coamo era colativo del Patronato Real declarándose además oficialmente parroquias a Arecibo, Aguada y Ponce, pero en realidad este mandato no tuvo cumplimiento efectivo hasta el año 1713. La Iglesia de Coamo no obstante, había estado operando desde mucho tiempo antes como tal, contribuyendo grandemente al proceso religioso y civilizador de la parte sur-central y sur-oriental de Puerto Rico, según también informamos en nuestra reseña para el siglo 17.
Administración Y Organización De La Iglesia Católica
En aquella época, debido al rápido incremento de la población, y por ende, de la fundación de nuevos pueblos, había una escasez marcada de sacerdotes en la Isla. Allá para el 1774 algunas parroquias carecían de curas, entre éstas, Coamo. La falta de un cura en Coamo fue sencillamente accidental y temporera dada la importancia de la parroquia. En un informe enviado a la corte por el Deán don Pablo Ramón {Ramón, así aparece en la fuente de información}, éste denunciaba que en la ciudad de San Juan había muchos clérigos sin cargo asignado y sin embargo en otros pueblos de la Isla no tenían sacerdotes. Acusaba también que algunos curas no sabían ni leer.»
Todos los curas de la Isla eran de nombramiento real; el Obispo sometía tres candidatos al gobernador, quien elegía uno. Los curas párrocos no tenían igual salario en todos los pueblos. Unos podían recibir 300 pesos al año, otros 200 y aún menos. Él cura le pagaba de su sueldo dos o tres pesos mensuales al sacristán. Él salario unido a los derechos parroquiales podía aumentar los ingresos del cura a mil pesos anuales, según fuera la categoría del pueblo donde operaba.
El tribunal eclesiástico del obispo tenía un provisor, que era vicario general de todas las islas y provincias de la Tierra Firme pertenecientes al Obispado de Puerto Rico. A este tribunal correspondía tomar todas las decisiones de las causas matrimoniales, beneficiales y demás causas eclesiásticas. Además de este tribunal había dos vicarías, una en la Villa de San Germán y la otra en el pueblo de Coamo. Esta vicarías sólo tenían autoridad para formar sumarias, o juicios, en los asuntos que le competían, debiendo remitirlas al tribunal del Obispo para decisión final.
Con fecha 28 de mayo de 1762, se aprobó una Real Cédula participando que la Purísima Concepción de la Virgen Madre había sido declarada Patrona y Abogada de todos los Reinos de España e Indias. Los isleños eran muy devotos de Nuestra Señora, llevando casi todos un rosario al cuello, rezando éste por lo menos dos veces al día. Pero la ignorancia reinante y la falta de instrucción en la juventud no le permitía saber lo más preciso de la doctrina cristiana. Iñigo Abbad achacaba esto al vivir diseminada la gente por los campos.
Decía Ledrú en 1797 que las ceremonias religiosas eran muy numerosas y concurridas en ésta Isla, y particularmente las que se dedicaban al culto de María. Tanto los hombres como los niños, sobre todo las mujeres, acudían a las procesiones del Rosario, que se repetían de noche dos veces por semana. Se reunían de tres a cuatrocientos feligreses y colocados de dos en dos marchaban a paso lento llevando cada uno una linterna o vela en la mano, caminando tras ellos los frailes, quienes cantaban las letanías de la Virgen al son de las guitarras que componían la orquesta. Un pertiguero, que llevaba un estandarte rodeado de campanillas y farolitos, cerraba el cortejo. Estas procesiones nocturnas duraban tres o cuatro horas y normalmente salían de la iglesia bien a las diez de la noche o a las doce, recorriendo las calles muy lentamente y deteniéndose de vez en cuando delante de la puerta del hogar de algún devoto que acostumbraba ser generoso con la iglesia.
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Costumbres y Misceláneas - Primera Parte
Esta fase de la historia de Coamo en el siglo XVII tiene un gran parecido con lo que informába; más relacionado con el siglo anterior. Esto se debía al, estancamiento político, social y económico en que se encontraba la colonia en aquella época y que hemos estado detallando en otros. Como consecuencia, la colonia apenas progresaba. Es bueno indicar que a pesar de esas circunstancias, el partido de Coamo prosperó más que otros sectores de la Isla, relativamente hablando, especialmente en cuanto a población y desarrollo eclesiástica se refiere. Precisamente por razón de esa mala situación económica en otros sitios de la Isla hubo cierto éxodo hacia el territorio de Coamo en busca de tierras, aventura y nuevas perspectivas para una mejor vida, más en contacto con la naturaleza.
Escasez De Ropa
El Obispo López de Haro a quien hemos citado anteriormente, con relación a las mujeres decía que estas se abstenían de asistir a misa por carecer de vestidos. Esto demuestra la escasez de telas que había en aquella época, por motivo a que apenas arribaban barcos españoles aquí con excepción de los que entraban de contrabando. El mismo Obispo confiesa que el mismo no vestía bien debido a esas razones. Esto da una idea de como podían estar vistiendo los habitantes que vivían internados en el interior de la Isla, como eran los del partido de Coamo.
Las Casas
En términos generales las costumbres en el siglo XVII eran más o menos como lo eran para la época cuando se fundó Coamo. La construcción de las casas en la zona rural era más o menos como lo era en el siglo anterior, o sea, casas de madera rolliza, paja, yaguas, tablas de las palmas de corozo y real y los tradicionales estantes largos de madera del país enterrados en el suelo siguiendo en gran parte, por no decir en su totalidad, la tradición de construcción de los indios taínos.
Las casas estaban dispersas por todo el territorio de Coamo y las familias, por la conveniencia que esto les proporcionaba, vivían en forma aislada. El número de casas de vivienda bien cerca y alrededor de la iglesia de San Bias lo mas probable es que no pasara de ocho a diez como dijimos antes. El resto, más del 90 porciento, estaba disperso por todo el partido desde Juana Díaz hasta más allá de Guayama.
Costumbres En El Hogar
Las costumbres en el hogar eran poco más o menos como lo eran en el siglo anterior. El uso de la hamaca era una conveniencia y una comodidad aceptada por prácticamente todos los habitantes de Coamo y de todo Puerto Rico. Algunos usaban unas camas rústicas que llamaban camastros, especialmente los españoles recién llegados y algunos hijos de españoles que se aferraban a las costumbres de sus coterráneos en la Península Ibérica. Para esta época gran número de los habitantes caminaban descalzos y mal vestidos especialmente los criollos descendientes de españoles de la tercera generación en adelante.
En aquella época se seguía mucho la tradición de los indios especialmente en la agricultura, la construcción de las casas, el modo de cocinar y preparar los alimentos, la manera de curar ciertas enfermedades. Muchas palabras indias fueron aceptadas y pasaron a ser parte del léxico español, algunas de las cuales perduran al día de hoy. La palabra "Coamo" es una de estas.
El hecho de vivir dispersas las familias a través de todo el territorio inducía al amancebamiento entre las parejas del sexo opuesto, costumbre que perduró en todo Puerto Rico a través de los siglos, y que aún, aunque en grado mínimo, persiste. La escasez de curas y la distancia a que quedaban las iglesias eran otros factores muy influyentes en esto, aún más si contamos con lo malas que eran las vías de comunicación que existían.
Costumbres y Misceláneas - Segunda Parte
La Transportación
Para el siglo XVII aún no había llegado la carreta de bueyes a Coamo como informamos con más detalles en la sección de Agricultura, y mucho menos el coche. La gente se transportaba de un sitio a otro caminando o a caballo. El caballo era prácticamente el medio más eficaz en ésta época para caminar distancias y su uso se generalizó entre los habitantes que lo usaban corrientemente para trasladarse de un sitio a otro.
La Cocina
Con relacion a la cocina podemos decir que se utilizaban las tradicionales tres piedras sobre un fogón de tierra donde se juntaba la candela utilizando como combustible leña y carbón. El equipo de utensilios de cocina y comedor europeos eran prácticamente inexistentes. Se utilizaba la cazuela de barro para la preparación de muchas de las comidas. Esta era mas bien una herencia de los indios. La vajilla se preparaba con los productos de la higuera con la cual se hacían las “ditas” que se utilizaban como platos y las cucharas con las cuales se comía. Como vasos se utilizaba la misma cascara dura de las higueras pequeñas. El casco duro del coco, que se traía de la costa, se utilizaba también como vasos, también como tazas para servir las bebidas calientes tales como el jengibre y el chocolate, y luego, durante el siglo siguiente, el café.
Como no había agua corriente en los hogares había que cargarla desde los manantiales o quebradas en candungos que por lo regular eran hechos del casco duro y seco de las higueras grandes, a las cuales se les hacía una perforación en el tope donde se le ponía un tapón de madera blanda. También se utilizaban las llamadas cantaras hechas de barro cocido, como las cazuelas. Estas se utilizaban para cargar agua de un sitio a otro; no obstante muy pocas familias podían tener de estas. Aún no existía aquí la piedra de filtrar el agua que apareció durante los siglos siguientes conjuntamente y, formando parte, de los tinajeros, los cuales estuvieron en uso en nuestro país hasta finalizado el primer cuarto del siglo XX.
Otros Hábitos Y Actitudes
Muchos de los hábitos y actitudes futuras de los puertorriqueños echaron raíces durante éste siglo por motivo al aislamiento de la influencia europea. Fue el siglo de la escasez y de la ignorancia. Por esa circunstancia prevaleció, en muchos aspectos, la influencia primitiva de los hábitos y actitudes de los indios y los negros africanos, con sus virtudes y sus defectos. Se afincaron fuertemente en el país ciertas creencias religiosas tales como supersticiones, hechicería y espiritismo, el hablar duro en público, la preferencia por comidas ricas en harinas y grasas, el amancebamiento, el desaseo, el modo estrafalario de vestir y de arreglar sus personas y ciertas actitudes negativas de conducta social, muchas de estas nacidas por motivo al mal trato que recibían los esclavos, etc...etc...
Uno de estos hábitos, por ejemplo, lo fue el andar descalzo. En ausencia de zapatos, la gente sencillamente resolvía el problema caminando descalza. Esto era inperdonable en un país donde abundaba el cuero, y en donde, sin prácticamente costo alguno, se podían construir, dentro del seno de los hogares, sandalias o mocasines, como lo hacían los españoles en España y los mismos indios de tierra firme. No había la motivación ni la emulación y mucho menos la educación y las simplisimas herramientas necesarias para evitar que eso sucediese. Resultado: por tres largos siglos estuvieron más del 80% de los boricuas sentenciados a caminar descalzos y padeciendo las consecuencias que en cuanto a salud y comodidad eso implicaba.
Pero por el lado positivo, cabe indicar que también se afincaron algunas virtudes de estas razas, como el desprendimiento hacía las cosas materiales, la humildad, la hospitalidad, etc...etc..., entre otras.
Costumbres y Misceláneas - Tercera Parte
El Comercio
El comercio era insignificante; la exportación de productos puertorriqueños estaba limitada al puerto de la capital, San Juan, con los puertos de Cádiz y Sevilla en España. La llegada de barcos de España para ésta época a veces tardaba un año o más, lo que hacía precaria la situación de la Isla, especialmente en cuanto a comestibles se refiere. El tráfico naviero comercial de España era mayormente con los nuevos países descubiertos como Mejico y el Perú, muy ricos en oro y en otros productos.
Existía poca moneda acuñada: el cobro de contribuciones y el pago de deudas y salarios se hacía a base de canjes o trueques con los productos del país. La política comercial seguida por España en sus colonias era altamente discriminatoria y esto alentaba a sus enemigos a posesionarse de ellas. España obligaba a sus colonias a comprar todas sus mercancías en la metrópoli, a vender todos sus productos en la Madre Patria, transportar todas las mercancías en sus barcos y hacer todo el comercio por los puertos de Cádiz y Sevilla. Esto alentaba, naturalmente, como alentó, el contrabando en Puerto Rico. Este se practicaba en el territorio de Coamo a través de los puertos de Santa Isabel, Salinas y Guayama que en aquella época pertenecían a su territorio. En el año 1662 dijo el Gobernador don Juan Pérez de Guzmán que hacía once años que no venía un barco mercante de España. Por este motivo los puertorriqueños no tenían salida para sus productos. El estado de abandono llego a tal extremo, que según Brau: "Los soldados no asistían a las guardias por motivo a su desnudez y a los paisanos daba lastima verlos."
El Comercio Contrabandista
El gobierno español no tomo medida especial alguna para aliviar el estado de pobreza en que se hallaban los habitantes de Puerto Rico. Por el contrario, ordenó el monopolio del trabajo e impuso el uso del papel sellado como contribución indirecta. No valieron los consejos y recomendaciones de los gobernadores. Los vecinos, por lo tanto, buscaron el remedio a su situación en el contrabando o comercio ilícito con otras naciones. La playa de Ponce, Mayagüez, Añasco, el puerto de Cabo Rojo y el de Coamo eran los sitios predilectos para la practica del contrabando. Los vecinos cambiaban ganado, cueros, achiote, jengibre, tabaco, etc., por negros esclavos, géneros y otras mercaderías. Hablando sobre el contrabando desde el 1635 al 1662, decía Brau: "En el sur (de Puerto Rico) las playas de Ponce eran exclusivas para el contrabando y la vecindad de Coamo ofrecía extensión ventajosa a los tratantes de aquella comarca, que en la Isla de Saint Thomas, tomada ya en 1671 por los daneses, tuvieron luego un nuevo mercado proveedor."
Costumbres y Misceláneas - Cuarta Parte
A tal grado se extendió el contrabando que en una investigación practicada resultaron complicados no solamente los comerciantes y estancieros sino también los funcionarios reales, frailes y militares. En 1688 el Gobernador Gaspar Martínez de Andino ya había tomado ciertas medidas contra el contrabando por el área de Ponce amenazando severamente a los contrabandistas. Sin embargo, terminó patrocinando el contrabando que él antes combatía. Francisco Sanabria, cura que había ejercido en Coamo, en Ponce y en San Germán, afirmaba que eran curas frailes los más aplicados al negocio allá por las playas del sur, asombrándose de que, a sus advertencias sobre el peligro mortal que podía acarrear la intimidad con los extranjeros, se le contestaba sin reparos que era mejor estar con ellos pues así se podían obtener los esclavos que se deseasen, ropa y todo lo que faltare. Conocido el desorden en España, se envió un investigador a Puerto Rico destituyéndose como resultado al Gobernador Martínez de Andino. El testimonio del padre Sanabria confirma pues, la existencia del contrabando por los puertos de Coamo. Años más tarde el contrabando trajo, como consecuencia, actos de violenctaen Coamo.
La Iglesia Católica
Durante el siglo XVll la Parroquia de Coamo jugó un papel vitalísimo en el desarrollo de la Iglesia Católica en todo este sector sur, central y este de la Isla de Puerto Rico. Poco a poco se fue convirtiendo en lo que vino a ser más tarde la Iglesia de más jerarquía en Puerto Rico después de la Catedral de San Juan y la Parroquia de la Villa de San Germán, circunstancia que ayudó al más rápido desarrollo de la parte sur de la Isla. Contribuyó esto a que vinieran a esta zona los colonos que tanto se necesitaban para su desarrollo. La parroquia de Coamo, por lo tanto, desempeñó a cabalidad su misión religiosa y además su misión civilizadora. Decíamos en artículos anteriores, el del siglo XVI, que la capilla de Coamo se había construido e inaugurado en el año 1579 después de la autorización dada a través de un decreto marginal registrado en una carta que el Obispo Salamanca había enviado al Rey y la cual fue contestada en julio de ese mismo año. Se autorizaba por Cédula Ordinaria la constitución del poblado y de la Iglesia. A pesar de que Coamo quedó con dependencia al Gobernador de Puerto Rico, la capellanía está adscrita al curato de la Catedral, pero con cargo a los habitantes del Valle. Esto quería decir que a pesar de su subordinación a la Catedral de San Juan los habitantes tenían que pagar todos los gastos del cura y del mantenimiento de la iglesia pues no había ninguna asignación de los fondos de la Caja Real...
Costumbres y Misceláneas - Quinta Parte
La Iglesia Original
Como habíamos dicho antes, la iglesia de Coamo se construyó originalmente de madera, madera rolliza, paja y palma, y aún para el 1597 todavía estaba construida en esa misma forma cuando la repararon los misioneros jesuitas que visitaron nuestro pueblo. El 15 de agosto del 1616, a través de una probranza, los vecinos del Valle de San Blas solicitaron del Rey que, por motivo de su pobreza, por haber sido afectados desastrosamente por varias tormentas, los sueldos del cura y el sacristán de su Iglesia fuesen pagados de los fondos de la Caja Real. Según esa probanza existían en Coamo 300 almas. Para esa fecha la iglesia todavía estaba construida de paja pero estaba provista de campanas que habían sido compradas por los vecinos. Desde la fundación del pueblo en el 1579 los vecinos habían estado pagando al cura un sueldo de 5,500 reales además de proveer la Iglesia de pan, vino y cera.
Al solicitarse información del Obispo Fray Pedro Solier sobre esta petición de los residentes de Coamo, la apoyo el prelado; “porque aquellas pobres gentes padecían mucha necesidad y estaban imposibilitadas de pagar la derrama.”
Fue aprobada la solicitud de los habitantes de Coamo en 1618 acordándose añadir para la consignación del clero de la Catedral veinticinco pesos mensuales destinados a la ayuda de la parroquia de Coamo. Esta ayuda se mantenía aún para el año 1706 como una subordinación de la iglesia parroquial a la diocesana.
Los Diezmos
A la parroquia de Coamo se le impusieron ciertas contribuciones que los feligreses debían pagar. A estas contribuciones se les llamaba “diezmos” porque era un tributo consistente en una décima parte de los frutos cosechados por los fieles en sus fincas. Los vecinos de Coamo tenían la obligación de transportar los diezmos directamente a la catedral allá para el 1616, pues estos consistían, de ganado vacuno y porcino que era lo que mayormente ellos producían aquí. Este ganado, que transportaban los coameños con miles de dificultades por caminos infernales, ayudaba sustancialmente a abastecer las tropas y vecinos de la Ciudad Capital.
Del año 1616 en adelante al cura de Coamo se le podía clasificar como párroco beneficiado, pudiendo recibir, además de los diezmos, las aportaciones directas de los feligreses, como las derramas de las misas, etc.... etc.... que por cierto en aquella época eran muy pocas, y mas bien consistían de productos de subsistencia.
Costumbres y Misceláneas - Sexta Parte
Progreso De La Parroquia
Por motivo a la pobreza de los feligreses de la parroquia de Coamo y posiblemente a la pobre calidad de los párrocos que tuvo la Iglesia de Coamo durante sus primeras cuatro décadas de vida, lo cierto es que ésta no prosperó con el mejor de los éxitos. De hecho, el grupo de misioneros Jesuitas que bajo el liderato del beato Spínola visitó Coamo en el 1597, se quejaba de que el edificio de la iglesia estaba deteriorado procediendo ellos a su reparación con la ayuda de los vecinos. El párroco estaba enfermo.
Es interesante notar que después que se verificó el cambio solicitado en la probanza del año 1616 con relación a la administración de la iglesia de Coamo, y como veremos luego, esta operó exitosamente de ahí en adelante durante el siglo surgiendo las devociones a la Altagracia y a la Valvanera, con sus capillas correspondientes, construyéndose una nueva planta física para la parroquia que se inauguró en el año 1661. Además se atendieron con eficacia las obligaciones administrativas y de promoción religiosa en todo el territorio del partido de Coamo.
La Virgen De La Candelaria
La Virgen de la Candelaria es nuestra segunda patrona del pueblo, conjuntamente con San Blas. Según Cuesta Mendoza es muy remota la devoción a la Virgen de la Candelaria en Puerto Rico. Fueron tantos sus devotos en la Capital que estos organizaron una cofradía especial y pagaron el costo de un altar y el de la primera imagen de ésta al llegar a Puerto Rico, consistente en una estatua labrada en maderas finas la cual se trajo a la Isla en el 1613. Según Torres Vargas, su devoción existía desde mucho antes, indudablemente desde los comienzos de la colonización por motivo de que muchos de los fundadores procedían de las Islas Canarias donde esta advocación era, y es, muy venerada. Es curioso que a pesar de ser la Virgen de la Candelaria la segunda Santa patrona de Coamo, a esta nunca se le erigió una capilla como se hizo con las Señoras de Altagracia y Valvanera y con nuestro principal patrono, San Blas, a quien se le dedicó la parroquia. No obstante siempre se ha tenido en el altar mayor de nuestra Iglesia la efigie de ésta patrona al lado de la de San Blas.
La Ermita De La Virgen De La Altagracia
Mucho antes de que se construyera la ermita de la Valvanera en Coamo y surgiera la devoción a la misma, ya existía una capilla y la devoción a la Virgen de Nuestra Señora de la Altagracia. Esta se originó bien a principios del siglo XVII. Esa devoción llegó a Puerto Rico desde Santo Domingo donde tuvo un santuario desde los primeros años de la colonización. Según el canónigo don Luis Gerónimo de Alcocer, dos vecinos del Higüey en el año 1514 habían traído de España la imagen de la Altagracia. Los viajeros de aquella isla que se trasladaron a Puerto Rico lo hacían a través del puerto del Higüey, al este de dicha isla, atravesaban el canal de la Mona en pocas horas para hechar pie a tierra en el frontero puerto de San Germán. (Historia eclesiástica de Santo Domingo; Presbítero Luis Gerónimo de Alcocer). Por temor a los piratas que frecuentaban estos mares y mientras esperaban barcos en el puerto del Higüey, estos acudían al santuario de la Virgen de Altagracia, que allí existía, implorando su protección contra los peligros del mar y de los piratas. Por motivo a eso es lógico inferir que la devoción a esa Virgen en Puerto Rico tuvo su origen directo en el Higüey de Santo Domingo.
Prosigue Cuesta Mendoza diciendo lo siguiente: ...esta devoción a Nuestra Señora de la Altagracia no se ciñó a solo la Capital, sino que muy pronto prendió también en un pueblo tan importante como el de San Blas de Coamo. De muy antiguo debió haber devotos en esta advocación pues ya para el 1647 habían erguido ermita particular. (Ya estaba construida desde el año 1622, por lo menos, según veremos más adelante, Nota del Autor).
Costumbres y Misceláneas - Séptima Parte
Torres Vargas declara en el 1646 refiriéndose a la Virgen de Coamo: “Es de gran devoción y su imagen pequeña de bulto, de tamaño de una vara y tiene tributos con que se sustenta la lámpara que es de plata.”
A su vez, en torno a esto comenta Cuesta Mendoza, además, lo siguiente: “Capilla propia, lámpara de plata, efigie de altura de una vara y tributos de alumbramiento perenne, más gran devoción en el pueblo son indicios de antigüedad considerable que bien podemos remontar a los primeros años de aquella centuria, a lo menos. A su sombra protectora fue prosperando Coamo que contaba con cien vecinos en aquellos días, es decir, con cien familias organizadas de arraigo en la comunidad, con los agregados blancos advenedizos y la servidumbre copiosa de mulatos y negros. Cuando catorce años más tarde el Obispo Issassi visitó la población, la ermita de la Altagracia servía de parroquia por estarse reedificando la iglesia parroquial. Por la lectura del acta que se levantó, bien se echa de ver que la ermita era amplia y capaz. Atestigua dicha acta que el prelado visitó la ermita de Nuestra Señora de Altagracia y vio todos sus bienes por inventario. Continuaba aumentando la población pues confirmó el prelado hasta 318 personas, a pesar de que transcurrieron muy pocos años de la precedente visita pastoral”.
Como podemos ver por la opinión de Cuesta Mendoza, la devoción a la Virgen de la Altagracia en Coamo se remonta al principio del siglo XVII. Esta Santa era la madrina y protectora de los viajantes, por eso su devoción se extendió durante la colonización por todos los rincones de América. En Coamo su capilla estaba localizada donde bifurcan hoy las calles Tomás Carrión Maduro y Santiago Iglesias en el sector conocido por el Cerro. Existen en las inmediaciones los restos de un antiguo cementerio que se uso durante los primeros siglos de la colonización, y hasta el 1830, poco más o menos. No hemos podido localizar restos de esta capilla pues lo más probable es que la misma estuviera fragilmente construida y fuera víctima de las inclemencias del tiempo y de la desidia de los mismos feligreses. Además, para la relativamente escasa población que había, existían demasiado devociones en Coamo.
Hay evidencia de que esta capilla estaba ya construida para el año 1622, o posiblemente desde antes, pues el historiador ponceño don Eduardo Neumann informa de una lámpara de aceite que el vio a fines del siglo pasado en la Iglesia de Aguas Buenas y que tenía grabado lo siguiente; “Año 1622 - Capilla de la Altagracia - Coamo...”
Esta evidencia, reveladora por cierto, confirma fuera de toda duda, la existencia de la capilla de la Altagracia desde una fecha bien temprana. Esto induce a creer, como bien dice Cuesta Mendoza, que la devoción a esta Virgen en Coamo se remonta al principio del siglo, y posiblemente antes. Hay base para creer que esta devoción llegó con la fundación del pueblo, pues los colonizadores originales, o muchos de ellos, eran viajeros que vinieron de Santo Domingo a través del Higüey, siendo la Altagracia la Virgen de los viajantes.
Para esta época, el conglomerado poblacional era muy activo y dinámico y era muy dado a seguir el patrón de conducta del vecino pueblo de San Germán en casi todos sus aspectos. Por eso creemos que la capilla de la Altagracia se construyó, aunque más pequeña, siguiendo el mismo o similar patrón arquitectónico de la capilla de Porta Coelis que se edificó en San Germán para esa misma época, poco más o menos. La Porta Coelis se comenzó a construir en 1606 y estaba hecha de tapias con techo y setos de madera, tablas de palma y yaguas.
Costumbres y Misceláneas - Octava Parte
El culto y veneración a la Altagracia es muy popular entre los dominicanos. Poco después de la conquista de esa isla por los españoles, se hallaba generalizado este culto sin que haya podido determinarse su origen. Hay leyendas. Cuentan que un español acomodado que vivía en el Duey, hoy Salvaleón, en el Ceibó, fue una vez a la ciudad de Santo Domingo a negocios y una hija suya le encargó que le llevara una efigie de la Virgen de Altagracia. El padre buscó la efigie por todas partes; en las iglesias, preguntó a los sacerdotes, hasta el mismo Arzobispo, pero nadie supo darle razón, porque si bien conocían el culto, ninguno había visto la imagen. Muy acongojado volvió el padre a su casa cuando en el camino se encontró a un anciano de barba blanca que, al enterarse de la causa de su aflicción, sacó de sus alforjas una imagen pintada en un lienzo y se la entregó al padre, asegurándole que aquella era la Virgen de la Altagracia El lienzo representaba la Virgen, contemplando al niño Jesús, que estaba a sus pies en una cama. San José aparecía un poco más atrás, arrebujado en un manto y con una vela encendida y, desde lo alto del lienzo, un lucero enviaba rayos de luz a la faz del niño. El padre corrió alborozado a su casa y encontró a su familia en el mismo sitio en donde hoy se levanta el santuario de Higüey, y entregó a su hija el ansiado regalo. Esta lo contempló enajenada al pie mismo de un naranjo, que aún se conserva. Al poco tiempo se edificó el santuario y el lienzo fue colocado en la parte más visible del altar mayor. La noticia del modo misterioso como se había encontrado la imagen cundió por toda la isla y se organizaron romerías a dicho santuario, siendo hasta hoy en día muy frecuentado.
Tan grande y profundo es el culto de los dominicanos hacia esta Santa que el 24 de noviembre del 1924, el congreso de dicho país declaró día de fiesta nacional el 24 de enero, fecha destinada por la Iglesia a la veneración de la sagrada imagen.
La Parroquia De San Blas De Illescas
La parroquia de Coamo administraba casi una cuarta parte de la Isla, o sea, toda la región sud-oriental de ella, desde la ribera izquierda del río Jacaguas hasta Patillas y Malapascua por el oriente sur y hasta el Valle de Caguas al norte. Cuesta Mendoza informa que el texto Sinodal del Obispo Damian López de Haro de 1646 es interesante porque envuelve los nombres de muchos núcleos urbanos de alta significación según fueron corriendo los años y el cual dice: “Los vecinos que viven en el Valle de Coamo se extienden por la costa del sur hasta Guayama, unos a una legua y otros a dos, a tres y a cuatro, y algunos a seis, como lo son los del dicho Guayama, y desde la iglesia de Coamo viniendo por el camino real, hasta la iglesia de Río Piedras, hay dos hatos de criadores: el uno que se llama Laybonito y otro llamado Caller, con otros hatillos circunvecinos distantes de Coamo tres leguas, de modo que Caguas, Cayey, Aibonito, Ceiba, Cidra, Barranquitas, Juana Díaz, Santa Isabel, Salinas, San Lorenzo, Guayama, Villalba y Barros con otras entidades vecinales fueron surgiendo a la vida eclesiástica autónomas desprendiéndose de la Iglesia matriz de Coamo.”
Costumbres y Misceláneas - Novena Parte
A mediados del siglo XVII existian en la Isla, aparte de la Catedral y de la Iglesia de San Germán y de las parroquias de Coamo y Arecibo, una docena de capellanias rurales, servidas, por escasez de clérigos, solamente por cinco capellanes, indudablemente ayudados a temporadas por compañeros, sobre todo del clero regular. (Cuesta Mendoza: Ibidem) Por esto se deduce que el párroco de Coamo salía a dar misa y a administrar los sacramentos en las capillas rústicas que había en su territorio por motivo de que estas no tenían clérigos permanentes asignados.
El Sinodo Diocesano De 1646-las Leyes De La Iglesia.
Algunos de los problemas más serios con que se confrontaba la Iglesia en aquella época eran los vicios, las uniones ilegales y el abandono en cumplir con el precepto dominical, según Cuesta Mendoza. Todo esto se agravaba por la gran diseminación de la población en la Isla y a la carencia de sacerdotes que pudieran dar los servicios. Para tratar de corregir todos estos problemas, el Sínodo Diocesano de Fray Lopez de Haro del 1646 aprobó distintas reglas, algunas de las cuales vamos a enumerar brevemente para que tengamos una idea general de las leyes de la Iglesia en aquella época y las cuales, naturalmente, gobernaban la Parroquia de Coamo.
En cuanto al sacramento del bautizo, debíase administrar a los niños antes de transcurrir la primera quincena del nacimiento. No podía administrarse sino en la propia iglesia de la Parroquia. Con relación al acto de la confirmacion la administraban siempre los Obispos y los confirmados deberían tener de siete años para arriba.
En cuanto al sacramento de la Eucaristía y su recepción había la misma disciplima que para el de la confesión. Obligaba una vez al año, generalmente con el de la confesión. Esto se administraba principalmente el Jueves Santo. A los enfermos de gravedad, por vía de viático, se llevaba con extraordinaria pompa y en ocasiones con acompanamiento de música. Respecto del reservado se debía de tener en todos los templos de caracter parroquial con lámpara encendida permanentemente, ya a costa de la fabrica o por los fieles. A quien contribuia con algo para pagar el aceite, que había que traerlo de España, para usarlo en la lámpara, se le otorgaban diez días de perdón y a quien alumbraba un día, cuarenta. Cuando estaba nublado y había tomenta, se permitía exponer el Santísimo en su propio altar debidamente alumbrado, pero no se podía sacar fuera del templo, para enfrentarlo a la tempestad. Tambien se prohibía llevarlo a los enfermos.
El sacramento de la extremaunción se le administraba a los enfermos graves, luego de confesados. Se le advertía terminantemente a los médicos que si a la tercera visita a un enfermo con fiebre, o antes, notase en él peligro de muerte, y este no se ha confesado aún, prevengan y amonesten al enfermo que lo haga inmediatamente. Si el paciente no lo quiere hacer, no lo vuelvan a visitar.” El médico tenía pena de excomunión si no cumplía con este precepto sinodal. Aquel que hubiere rehusado recibir los últimos sacramentos, no podía ser sepultado en el cementerio común, sino en un sitio suficientemente lejos donde no se percibiera el canto de los oficios divinos.
Costumbres y Misceláneas - Décima Parte
En cuanto al sacramento del matrimonio, si el mismo era clandestino era por lo tanto falso, y el sacerdote que quebrantaba lo preceptuado para el, quedaba suspenso por medio año e incurría en excomunión mayor. Las amonestaciones debían ser triples y publicarse en las parroquias donde hubiesen residido los contrayentes por mucho tiempo. Los no residentes de la parroquia debían presentar fe de soltería, extendida por el párroco de origen, aprobado por el provisor de su tierra. Se requerían dos testigos para firmar el acta matrimonial con el sacerdote. Los novios que cohabitaban antes del matrimonio eran tenidos por pecadores públicos y forzados a separarse. Las parejas de recién casados que llegaban a la población debían probar serlo, autorizadamente. Se exigía dispensa a los parientes o afines hasta el cuarto grado de consanguinidad pero como casi todo el mundo era pariente, surgían grandes entorpecimientos que los obispos querían aminorar pidiendo que se facilitase la inmigración. Además de todo esto los contrayentes debían haber recibido los sacramentos de penitencia y comunión y pasar un examen de doctrina cristiana. Todo esto se anotaba en un libro especial de la parroquia.
La penitencia y confesión estaban obligados a recibirla todos los que habían llegado a la edad de la discreción. Esta obligación era anual, a lo menos, y se había de cumplir con ella desde la Dominica de Pasión hasta la Segunda después de la Pascua. La confesión debía de hacerse con el párroco y no con otro sacerdote. Para llevar nota exacta de los feligreses cumplidores y no cumplidores del precepto de la confesión, al principiar la cuaresma de cada año, los curas confrontaban las listas que ellos tenían de estos con las cédulas de confesión, tomando nota de los incumplidores, o sea, los que no habían confesado durante el año. En el púlpito el párroco anunciaba la obligación pendiente todos los domingos, y si los incumplidores se aferraban a no cumplir como se les ordenaba, quedaban excomulgados después de dárseles una oportunidad final. Claro, los rebeldes no podían asistir a los oficios divinos; sus nombres aparecían en una tablilla colocada en lugar público, y si morían en tal estado, no podían recibir sepultura sagrada. Según Cuesta Mendoza algunas de estas estrictas reglas aún están vigentes en algunos países sajones.
Eran quince los casos que los sacerdotes no podían resolver localmente y que solamente los obispos podían resolver durante sus visitas pastorales. Estos eran el robo de cosas en lugar sagrado; supersticiones, adivinaciones y ensalmos; los contrayentes o testigos de matrimonio clandestinos, válidos o no; la blasfemia pública; el homicidio voluntario; el aborto consumado adrede; incendio diurno o nocturno y tala de los campos; ordenación furtiva; la falsificación de escrituras; la testificación falsa; la retención de diezmos y primicias; el incesto, Sodomía y bestialidad; la percusión de clérigos; el perjurio hecho contra terceros y el pecado carnal con hija de confesión: “la absolución de los cuales reseñamos en Nos.”
Los párrocos rurales tenían el deber de enseñar a leer y escribir a los hijos de los indios. El Sínodo recomendaba a los párrocos locales que no dejasen que los negros y mulatos se mezclasen con las indígenas por los malos ejemplos que les daban, y tampoco permitían a los blancos vagamundos que van detrás de las indias frágiles y provocan desordenes, inmoralidades y escándalos.
Costumbres y Misceláneas - Undécima Parte
La Visita Pastoral Del Obispo Issassi A Coamo En 1661
La visita pastoral del obispo Issassi el 27 de febrero de 1661 fue altamente reveladora pues confirma la trascendencia que ya tenía nuestra parroquia en su misión religiosa en la región sureste de la Isla. A continuación transcribimos el acta de la visita:
Puerto Rico, 27 de febrero de 1661
“...Visita que el Obispo mi señor D. D. Francisco Arnaldo Issassi verificó en este Valle de San Blas en 27 de febrero de mil seiscientos sesenta y un años. En el Valle de San Blas de Illescas de Coamo en veintisiete de febrero de mil seiscientos sesenta y un años el l11mo. y Revmo. Dr. D. Francisco Arnaldo de Issassi mi Sr. habiendo llegado a dicho Valle como a las cinco de la tarde, Domingo, donde le tenía el P. Cura Capellán Diego Hernández un altar prevenido un poco aparte de la Iglesia para su recibimiento allí se apeo el Obispo; mi Sr. tomó báculo y mitra, y adoró la Sta. Cruz, y la incensó y el cura capellán se la dio a besar a su l11ma. y lo incenso.
Después en forma de procesión, cantándole el Ave María, Stella, fue para la Iglesia y entró en ella, hizo oración y el P. Capellán le cantó la oración de su recibimiento: después les exhortó el Obispo mi Sr. a todos, y dio a entender a lo que venía, y les previno a todos se juntasen en miércoles siguiente, que era de ceniza, para que oyeran el Edicto General, y con esto se fue a descansar a su posada, que le tenían prevenida. Otro día, como a las ocho de la mañana, fue el Obispo mi Sr. a la Iglesia y dijo misa, visitó el altar mayor y oro, y acabada la misa tomo el báculo y mitra, y en forma de procesión, cantando un responso con dobles de campana, entonó un responso por todos los sacerdotes difuntos, y entonando otro en el cuerpo, de la Iglesia, y después otro en el otro lado, por todos los fieles difuntos, porque la Iglesia no estaba acabada, porque se estaba obrando en ella no tenían colocado el Señor, ni estaba en la dicha Iglesia que lo tenían en la ermita de Ntra. Sra. de Alta Gracia, dispuso su Sria. donde habían de hacer la Pila....(está roto lo que sigue). El otro día fue a la Ermita y Stmo. Sacramento, que la...y aseo, y estaba para colocarlo...viril de plata con sus vidrieras muy curioso y aseado en un cáliz de plata muy curioso; y también estaba dentro de la caja un deposito de plata muy bueno: allí incensó el Stmo. el Obispo mi Sr. y lo dio a adorar, cantando el Tantum ergo Sacramentum. Así mismo visitó los santos óleos que lo pidió el P. Capellán y sacó una cajita en los tenía, y hizo demostración de ellos, los cuales estaban en un vaso de plata muy curioso; el uno era el santo óleo, el otro de crisma, el otro infirmorum, y los halló muy bien sebados con sus pajuelas. Así mismo, día de ceniza se leyó el Edicto General a todos a la misa mayor, después del Evangelio, y después predicó el Obispo mi Sr. un gran sermón, y la tarde se hicieron confirmaciones a cosa de las cuatro, y se confirmaron treinta personas. Otro día se confirmaron sesenta y seis personas. Otro día se confirmaron setenta y tres. Otro día se confirmaron cuarenta personas.
Otro día se confirmaron cuarenta y ocho personas. Otro día se confirmaron diez y siete personas. Otro día se confirmaron veinte y ocho personas. Así mismo visitó el Obispo mi Sr. todos los testamentos y los ajustó, y las cofradías y capellanía que sirve el Padre Cura, y visitó la Ermita de Nuestra Señora de Alta Gracia, y vio todos sus bienes por inventario, y todos los bienes de esta Santa Iglesia: hizo unos casamientos que no se hubieran hecho menos que con su persona, y refrendó los asientos de entierros, y dio algunos títulos en esta Santa Iglesia: así mismo visitó los libros de bautismo, casamientos y entierros, y los mandó hacer y que se asentasen las partidas...así mismo instituyó...S. Pedro, y dio título y Cons... licencia al P. Cura...de la doctrina cristiana a los niños y negros, y encargó mucho esto al P. Capellán y cura de aqueste valle que es el Lcdo. Diego Hernández Batista. Así mismo bendició la Santa Iglesia que se hizo nueva, y predicó el obispo mi Sr. ese día Domingo catorce de marzo de mil seiscientos sesenta y uno, y dejó colocado el Santísimo Sacramento en ella, y a la tarde hizo confirmaciones y confirmó diez y seis personas. Constituyó cofradía de la Limpia Concepción; dio las gracias al P. Diego Hernández Batista Cura Capellán de aqueste Valle, por lo bien que ha acudido a su oficio y obligación de la administración, y que no se le ha hallado en esta visita general cosa contra él, sino que ha vivido como buen ministro y Sacerdote y así se lo encarga el Obispo mi Sr. para lo de adelante, y hizo poner todo aquesto en este auto general para que conteste: así lo proveyó, mandó y firmó. —El Obispo de Portorico.—Ante mi: Bachiller D. Claudio de Issassi, Secretario.
Costumbres y Misceláneas - Duodécima Parte
Construcción De La Iglesia Parroquial - Primera Etapa
Por el nutrido número de confirmaciones hechas por el señor Obispo, montante a 318, se puede deducir que la población de Coamo y el territorio adyacente estaba creciendo dinamicamente. Como se ha visto, casi todas las ceremonias religiosas se efectuaron en la ermita de Nuestra Señora de Altagracia porque, según dice el acta de la visita del Obispo Issassi. . . “la lglesia no estaba terminada.” Luego, casi al final del acta mencionada dice...“Así mismo (el Obispo) bendició la Santa Iglesia, que se hizo nueva.”
Todo esto indica que la Iglesia estaba prácticamente terminada en el 1661 cuando la visita del Obispo Issassi. Es claro que el edificio se construyó respondiendo al acelerado crecimiento de la feligresía de Coamo y de las numerosas cofradías y capellanías del sur y este de Puerto Rico que operaban bajo la administración de la parroquia de Coamo. Más de una docena de capillas operaban bajo su administración. La construcción de un edificio apropiado era imperativo.
Si bien es cierto que parte de la actual estructura de la iglesia, y especialmente su fachada, se construyó durante el siglo siguiente, o sea en el siglo XVIII, parte de la misma ya estaba construida para la fecha de la histórica visita del Obispo Issassi en 1661, especialmente sus cimientos, parte de las paredes, contrafuertes y cornisas. El atrio, con sus bellas rejas en su alrededor, se construyó a fines del siglo XIX.
Todas las iglesias antiguas de importancia en Puerto Rico se construyeron durante un prolongado período de tiempo, tomando a veces siglos su construcción total, ampliandose su tamaño según lo demandaba el crecimiento poblacional en su área de influencia. La Catedral de San Juan, por ejemplo, tardó más de tres siglos en terminarse. La iglesia de San José en San Juan, considerada la más antigua de Puerto Rico, se comenzó a construir en el año 1532 y, sin embargo, su actual fachada se erigió un siglo después, entre el 1636 y el 1640, y su interior fue igualmente transformado a lo largo de los siglos. Bueno es indicar que muchos de los detalles de la estructura de la iglesia San José, como sus contrafuertes, cornisas, columnas, puertas y ventiladores, tienen un marcado parecido con los de la iglesia de Coamo, indicativo de la influencia de la arquitectura eclesiástica del siglo XVII en nuestra iglesia.
Conocedores de esta ciencia de la arquitectura creen que la fachada actual de nuestra iglesia tiene mayormente influencia del siglo XVIII. Aparte de la información de la inauguración de esta iglesia durante la visita del Obispo Issassi en 1661 no hemos podido encontrar; evidencia posterior alguna de importancia, excepto, un anuncio que aparece en la viga frontal que sostiene el coro, gravada a bajo relieve, que dice:... “Estanislao Colón------1784”
Esta grabación corresponde, indudablemente, al nombre del maestro de obras o al empresario que realizó las mejoras finales a la iglesia en esa fecha.
Costumbres y Misceláneas - Decimotercera Parte
Capilla De Nuestra Señora De Valvanera
Contrario a la devoción a la Virgen de Altagracia, la devoción a la Virgen de la Valvanera ha perdurado a través de los siglos, habiendo sobrevivido varias ocasiones de crisis. Se cree que la solidez de la estructura física de la Ermita ha sido uno de los factores que más ha contribuido a su durabilidad al igual que su localización en un lugar llano en la misma zona urbana del antiguo Coamo, a donde los feligreses tenían fácil acceso. Al desaparecer la planta física de la Capilla de la Altagracia, que mencionamos, también desapareció la devoción a ella. La desidia de la feligresía, la fragilidad de la estructura, y las inclemencias del tiempo indudablemente sellaron la suerte de esa capilla. Pero no así la de la Virgen de Nuestra Senora de Valvanera.
Los orígenes de la Valvanera en Coamo se remontan a los finales del siglo XVII y son muy interesantes. En los primeros meses del año 1683 azotó al Valle de San Blas de Illescas una epidemia de cólera. La mortífera plaga fue tan cruel que familias enteras aparecían sin vida de la noche a la mañana. Personas que salían para sus trabajos les sorprendía la epidemia en la calle y nunca más regresaban a sus hogares. Hombres que regresaban de sus labores diarias a veces encontraban a toda su familia muerta. Se dieron casos en que una madre al acudir a socorrer a su hijo atacado de la epidemia, caía junto a él sin vida. La confusión y el pánico hicieron presa de todos los habitantes del pueblo. Los que aún no habían enfermado no daban abasto para enterrar a los muertos y los cadáveres se veían en las calles o en las casas en estado de putrefacción sin poderseles dar sepultura. Las campanas de la parroquia teñían a muerte constantemente. Los gritos de dolor y espanto, el llanto continuo y las desgarradoras escenas desarrollaron un estado mental tanto en el pueblo como entre sus autoridades que no les permitía discurrir que mejor podían hacer para detener la plaga.
Don Mateo García, un hombre que aún no había sido afectado por la enfermedad, reunió lo que quedaba de la población del pueblo y haciendo un esfuerzo máximo para atenuar los sufrimientos que afectaban a todos se dirigió a la comunidad en los siguientes o parecidos términos: “...Habitantes de Coamo: la Santísima Virgen es Madre de Misericordia. Si acudimos a ella con fe viva y verdadera piedad, seguramente ella ha de remediar nuestros males...”
El pueblo suplicante se postró ante la Santa haciendo votos de levantar un santuario a la advocación de la Virgen de la Valvanera y celebrar todos los años con misa solemne los días 8 de septiembre. Desde ese mismo momento el cólera, no atacó a más personas y de un modo milagroso de- sapareció la peste. A petición del teniente-capitán del Valle, don Antonio Colón de Luyando, el Cabildo de la Santa Catedral concedió permiso para eregir una ermita bajo la advocación de Nuestra Senora de Valvanera. Don Mateo García donó la imagen y pidió permiso para fundar una Hermandad. Dicho permiso le fue concedido el 15 de abril de 1684. Don Mateo era natural de la comarca de la Rioja en la provincia de Logroño en donde era, y es patrona, la Virgen de Valvanera.
Costumbres y Misceláneas - Decimocuarta Parte
A la iniciativa de esta cofradía acudieron altas personalidades del Valle y de capillas subordinadas que para aquel entonces estaban en donde ubican hoy los pueblos de Patillas, Arroyo, Guayama, Cayey, Cidra, Comerío, Barros, Barranquitas, Aibonito, Santa Isabel, Juana Díaz, Ponce, La Playa, Salinas y Peñuelas.
Durante dicha iniciación, que se efectuó después de construida la capilla por los feligreses, comparecieron los 48 fundadores originales. Estuvieron presentes, además, del Obispo Fray Francisco Padilla y el padre cura de Ponce don Luis Rodríguez Moreno, las siguientes personas:
Justo Gómez de la Rubia, cura de Coamo
Juan López de Aliceda, Lcdo. y padre
Justo Rodríguez de Pineda, padre y secretario
Pedro Sánchez de Matos, capitán
Antonio Colón de Luyando, Teniente-Capitan
Julian de Torres, Capitán
Antonio Rodríguez de Aliceda, capitán
Cristóbal Hernández, alférez
Benito Lorenzo, alferez
Juan Colón de Torres, ayudante
Alonso Cruz, alférez
Nicolás Colón de Luyando
Nicolás de Aponte
Lucas de Aponte
Joseph de Rivera
Ignacio Colón de Luyando
Francisco Ramos Colón
Juan de Avila Roura
Domingo Pérez de Luna
Juan Rodríguez Maldonado
Juan de Soto
Melchor de los Reyes
Francisco Morales de Santiago
Bernardo de Alvarado
Domingo Rodríguez Meléndez
Francisco Lamboy
Juan Díaz de Morales
Blas de la Candelaria
Juan Ruiz Troche
Alonso Tirado
Felix de Santiago
Alonso Rodríguez
Francisco de Santiago
Antonio Muñoz
Julio Sánchez de Rivera
Alonso de Rivera
Jacinto Hernández
Gregorio Martín de Matos
Juan Troche
Andrés García
Francisco de Flores
Horacio de Santa Maria
Justo de Rivera Falcón
Julio (o Justo) Colón de Luyando
Mateo García (quien fue designado mayordomo)
Gregorio de la Candelaria de Rivera
Francisco Rodríguez
Nicolás Martín
Esta interesante lista de nombres, de gran importancia genealógica para Coamo, nos revela los personajes más importantes que residían en nuestro pueblo en aquella lejana fecha de 1685, y los apellidos prevalecientes.
Costumbres y Misceláneas - Decimoquinta Y Última Parte
El 9 de febrero de 1685, después de haber sido bendecida la imagen en la Iglesia Parroquial, dos sacerdotes cargaron con ella en procesión solemne hasta la recién terminada Ermita. Presidía esta procesión el Obispo Fray Francisco Padilla. En la Ermita se efectuó un acto solemne de instalación, con misa cantada en la que oficiaron, además del señor Obispo, todos los sacerdotes presentes. Las peregrinaciones de toda la Isla acudían a diario a este santuario y se cuentan innumerables milagros mediante la intercesión de la Virgen de Valvanera.
Los Obispos Del Siglo XVII
La información sobre la historia de la Iglesia Católica no estaría completa si no detalláramos la lista de los señores Obispos que gobernaron la misma durante este siglo. Estos fueron los siguientes:
1. Martín Vázquez de Arce - 1603-1609 - Dominico
2. Francisco Díaz Cabrera - 1610-1613 - Dominico
3. Pedro de Solier - 1615- 1619 - Agustino
4. Bernardo de Valbuena - 1623-1629 - Clero secular
5. Augusto de Mata - 1631-1635 - Clero secular
6. Juan Alonso de Solis - 1636-1641 - Carmelita
7. Damián López - 1644- 1648 - Trinitario
8. Hernando del Lobo Castillo - 1649 - 1651 - Francis- cano
9. Francisco de Issassi - 1659-1661 - Clero secular
10. Benito de Rivas - 1664 - 1668 - Benedictino
11. Bartolome de Escanuela - 1673-1676 - Franciscano
12. Marcos de Sobremonte - 1679-1681 - Clero secular
13. Francisco de Padilla - 1684-1694 - Mercedario
Síntesis Del Siglo XVII
Siguieron viniendo más colonos a nuestro territorio identificándose Coamo como el líder de la colonización de la parte sur central de la Isla. Había mucha ignorancia en la población y apenas había comunicación con España. Prosperó el comercio de contrabando. Los frutos de la agricultura eran la ganadería, cueros, caña de azúcar, maderas finas, jengibre y frutos menores, comenzándose a sembrar el tabaco y el cacao, este último con resultados negativos. Para fines de siglo Coamo tenía una compañía de milicianos compuesta por un capitán y 150 hombres para defender su territorio lo que comprueba su gran incremento poblacional. A principios de siglo se proclamó la Virgen de la Candelaria como la segunda patrona de Coamo, además de San Blas. En el 1622 se fundó la capilla de la Virgen de la Altagracia y a mediados de siglo se comenzó a construir el actual edificio de la iglesia parroquial. En el 1683 ocurrió el milagro de la Virgen de la Valvanera erigiéndose un santuario en su honor. La parroquia de Coamo administraba una cuarta parte del territorio de la Isla en la que se ubicaron cerca de docena y media de capellanías rurales que sirvieron de núcleos para la fundación de nuevos pueblos durante los siglos siguientes.
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